La simulación histórica del juicio a Luis XVI se plantea como una experiencia didáctica compleja y profundamente formativa, especialmente adecuada para contextos de educación de personas adultas. Esta propuesta articula investigación histórica, escritura argumentativa y debate oral en un mismo proceso, favoreciendo un aprendizaje significativo, crítico y comunicativo. El eje de la actividad no es la teatralización en sí misma, sino el trabajo intelectual que la sostiene: investigar, interpretar, argumentar y exponer públicamente posiciones contrapuestas sobre un acontecimiento histórico clave.
1. Fundamentos teóricos y didácticos
El planteamiento parte de una metodología activa que trabaja el pensamiento histórico en un alumno que cursa la Secundaria en Educación de Adultos. El alumnado no se limita a reproducir un relato cerrado sobre la Revolución francesa, sino que se sitúa ante un problema histórico abierto: ¿fue legítima la condena del rey?, ¿qué argumentos la justificaron?, ¿qué alternativas existían en su contexto?
Desde este enfoque, se persiguen tres objetivos didácticos claramente interrelacionados:
- Enseñanza-aprendizaje del pensamiento histórico a través de la investigación histórica, entendida como análisis de hechos, conceptos y fuentes, y como comprensión de las relaciones de causa, conflicto y decisión política.
- Desarrollo del texto argumentativo, trabajando la selección de pruebas, la coherencia interna del razonamiento y la explicitación de una posición ideológica fundamentada.
- Extrapolación de la investigación al Debate: desarrollar un debate fundamentado, en el que la exposición oral sea la culminación de una argumentación previamente trabajada y sostenida en la investigación.
La simulación del juicio permite que el alumnado asuma perspectivas históricas enfrentadas —defensa y acusación. Este enfoque resulta especialmente potente para trabajar pensamiento histórico, competencia comunicativa y educación democrática de manera integrada.
2. Proceso didáctico de la actividad
El proceso se organiza de forma gradual, combinando momentos de explicación, diálogo, trabajo autónomo y puesta en común. En una primera fase, se construye un marco narrativo compartido sobre la Revolución francesa, con especial atención a su evolución política y a la figura del rey. La explicación docente adopta un enfoque narrativo y problematizador, apoyado en líneas del tiempo, conceptos históricos y materiales audiovisuales, favoreciendo la comprensión global del proceso.
A partir de ahí, el alumnado se adentra en una fase de investigación histórica, centrada en el análisis de textos y fuentes relacionados con el proceso judicial. Este trabajo no se concibe como acumulación de información, sino como preparación para tomar posición: identificar argumentos, valorar su solidez y relacionarlos con el contexto histórico.
En una fase posterior, los estudiantes elaboran de forma cooperativa un texto argumentativo, en el que estructuran su línea de defensa o acusación. Este texto exige rigor conceptual, uso explícito de evidencias y claridad expositiva. La escritura se convierte así en un espacio de reflexión y ajuste del pensamiento antes de la exposición pública.
El proceso culmina con el juicio simulado, organizado en una secuencia clara: intervenciones iniciales más abiertas, respuestas a cuestiones concretas y, finalmente, el alegato final. Esta estructura permite pasar de una argumentación más espontánea a un discurso deliberadamente construido, dando sentido al trabajo previo y dotando de coherencia a la fase oral.
3. Reflexión sobre la actividad didáctica
Uno de los aspectos más relevantes de la experiencia es la relación entre escritura y oralidad. La fase oral no funciona como un simple ejercicio de expresión, sino como la puesta en escena de un pensamiento previamente elaborado. Cuando la investigación y el texto argumentativo han sido trabajados con rigor, el debate gana en profundidad, precisión y credibilidad.
La intervención docente se mantiene deliberadamente contenida durante el juicio. Esta decisión permite observar con claridad los distintos perfiles comunicativos del alumnado y favorece una participación más auténtica, sin romper la dinámica del debate. En educación de personas adultas, este espacio de autonomía resulta especialmente valioso, ya que refuerza la confianza y el sentido de responsabilidad discursiva.
En conjunto, el juicio a Luis XVI se consolida como una propuesta didáctica que integra investigación histórica, argumentación escrita y debate oral en un mismo itinerario formativo. Más allá del contenido histórico, la actividad contribuye a formar hablantes críticos, capaces de sostener públicamente una posición razonada, escuchar argumentos contrarios y comprender la complejidad de los procesos históricos y democráticos.
Para quienes deseen profundizar en esta experiencia, conocer curiosidades del proceso, acceder a orientaciones didácticas más detalladas o explorar cómo adaptar este tipo de dinámicas a otros contextos educativos, pueden escribirme directamente por correo electrónico. Estaré encantado de compartir materiales, reflexiones y propuestas prácticas a partir de la experiencia desarrollada: encuentrodebatecepa@gmail.com.






